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La historia interminable II

Salvación del peligro

Salvación del peligro

Esta iluminación de la materia,
con su costumbre y con su armonía,
con sol madurador,
con el toque sin calma de mi pulso,
cuando el aire entra a fondo
en la ansiedad del tacto de mis manos
que tocan sin recelo,
con la alegría del conocimiento,
esta pared sin grietas,
y la puerta maligna, rezumando,
nunca cerrada,
cuando se va la juventud, y con ella la luz,
salvan mi deuda. 

Salva mi amor este metal fundido, 
este lino que siempre se devana 
con agua miel,
y el cerro con palomas, 
y la felicidad del cielo, 
y la delicadeza de esta lluvia, 
y la música del
cauce arenoso del arroyo seco,
y el tomillo rastrero en tierra ocre,
la sombra de la roca a mediodía, 
la escayola, el cemento, 
el zinc, el níquel, 
la calidad del hierro, convertido, afinado 
en acero, 
los pliegues de la astucia, las avispas del odio, 
los peldaños de la desconfianza,
y tu pelo tan dulce,
tu tobillo tan fino y tan bravío,
y el frunce del vestido,
y tu carne cobarde...
Peligrosa la huella, la promesa
entre el ofrecimiento de las cosas
y el de la vida.

Miserable el momento si no es canto

Claudio Rodríguez

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