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La historia interminable II

De orfeos y eurídices

DEDICATORIA

DEDICATORIA

Más allá de donde

aún se esconde la vida, queda

un reino, queda cultivar

como un rey su agonía,

hacer florecer como un reino

la sucia flor de la agonía:

yo que todo lo prostituí, aún puedo

prostituir mi muerte y hacer

de mi cadáver el último poema.

                                   Leopoldo María Panero

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El albatros

El albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Uno quema su pico, sádico, con la pipa;
Otro imita,cojeando, al planeador tullido!

Es igual el Poeta al señor de las nubes,
Que habita la tormenta y se ríe del arquero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el abucheo,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

Ch. Baudelaire

Vivir a cara o cruz

Vivir a cara o cruz


Carezca yo de ti
y al infortunio suceda la desgracia
y a la desgracia el cataclismo
y a todo ello asistiría
con el desinterés de un muerto.

Estés conmigo tú
y por cada brizna de dicha
que pretendan arrebatarnos
avanzarían desde mi corazón
espléndidos ejércitos de odio.

Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino
o mi patria de carne.

 

                                         Féliz Grande

Epitafio

Epitafio

 

 

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron.
También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.

Juan Gelman (1930-2014)

 

Donde habite el olvido. Bécquer, Cernuda, Sabina

Rima LXVI

 

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

Gustavo Adolfo Bécquer

 Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Luis Cernuda

Y con música, Sabina:

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Poema 5

Poema 5

"Vivamus mea Lesbia, atque amemus
Rumoresque senum severiorum
Omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt;
Nobis cum semel occidit brevis lux
Nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille deinde centum
Dein mille altera dein secunda centum
Deinde usque altera mille deinde centum!
Dein, cum milia multa fecerimus
Conturbabimus illa ne sciamus,
Aut ne quis malus invidere possit
Cum tantum sciat esse basiorum.
"

Catulo

 

  ¡Vivamos, Lesbia mía, y amemos,
y todos los rumores de los viejos, demasiado severos,
valorémoslos en un solo céntimo! 
  Los soles pueden morir y renacer; 
  nosotros, cuando haya muerto de una vez para siempre
  la breve luz de la vida,
debemos dormir una sola noche eterna. 
  Dame mil besos, luego cien,
después otros mil, 
  y otros cien, y luego hasta otros mil, 
  y otros cientos después.
Y cuando sumemos ya muchos miles,
  los borraremos para olvidarnos de su número 
  o para que ningún maligno puede echarnos mal de ojo
  cuando sepa que fueron tantos nuestros besos.

 

Presencia del otoño

Presencia del otoño

Debí decir te amo.
Pero estaba el otoño haciendo señas,
clavándome sus puertas en el alma.

Amada, tú, recíbelo.
Vete por él, transporta tu dulzura
por su dulzura madre.
Vete por él, por él, otoño duro,
otoño suave en quien reclino mi aire.

Vete por él, amada.
No soy yo él que te ama este minuto.
Es él en mí, su invento.
Un lento asesinato de ternura.

                                                                                                          Juan Gelman

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Setiembre

Setiembre

     Vemos la oscuridad cernerse lenta:
no la miden relojes.
Cuando besos y abrazos se repiten
desaparece el tiempo.

     Es verano. Las hojas cuelgan quietas:
a mi espalda una estrella,
bajo un brazo sedeño un mar me dice
que ya no existe el tiempo.

     Las hojas no midieron el verano
ni hacen falta relojes,
sólo tenemos lo que recordamos:
minutos que nos llenan la cabeza

como a esos reyes desafortunados
que el populacho acosa,
mientras, lentos, los árboles reflejan
sus copas en el charco.

Ted Hughes (Versión de Jesús Pardo)

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