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La historia interminable II

Fluyan mis lágrimas...

Fluyan mis lágrimas...

"Hoscamente, el General Buckman abrió el tercer cajón de su gran escritorio y colocó una bobina de cinta magnética en el pequeño aparato que allí tenía. “Arias de Dowland para cuatro voces…” Se quedó escuchando una que le gustaba mucho de entre todas las canciones que había en los volúmenes para laúd de Dowland. …Pues ahora, abandonado y solitario me siento, suspiro, sollozo, me desmayo, muero, en dolor mortal e interminable miseria. El primer hombre, recapacitó Buckman, que escribió una pieza de música abstracta. Sacó la grabación, puso otra en el laúd, y se quedó escuchando la “Lachrimae Antiquae Pavan”. De esto, se dijo a sí mismo, acabaron por salir los cuartetos finales de Beethoven y todo lo demás. Exceptuando a Wagner. Detestaba a Wagner. A Wagner y a todos los que eran como él, tales como Berlioz, pues habían hecho retroceder tres siglos a la música. Hasta que Karl-Heinz Stockhausen la había vuelto a poner al corriente con su “Gesang der Jünglinge”. Y, escuchando una vez más la “Lacrimae Antiquae Pavan”, pensó: Fluyan mis lágrimas… Philip K. Dick: Fluyan mis lágrimas, dijo el policía."

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